D E S C U B R I R


Tres poemas inéditos de Pedro Sevilla

Pedro Sevilla Gómez (Arcos de la Frontera, Cádiz, 1959) ha publicado los poemarios Y era la lluvia, amor (Barro, 1990), Septiembre negro (Renacimiento, 1992), Sendero luminoso (Cuadernos de la Moderna, 1994), La luz con el tiempo dentro (Renacimiento, 1996), Tierra leve (Renacimiento, 2003) y la antología Todo es para siempre (Renacimiento, 2009), a cargo de Enrique García-Máiquez. Asimismo, es autor de las novelas Extensión 114 (Quórum Libros, 2000), 1977 (Quórum Libros, 2002) y Los relojes nublados (Espuela de Plata, 2014) y del libro de memorias La fuente y la muerte (Renacimiento, 2011). Estos poemas inéditos han sido facilitados a Numen por el autor.


MATA DE POLEO

De tan pequeña que eres he debido buscarte,
guiado por tu olor, que es tu conducta,
entre ortigas y cardos espinosos.
Minúscula semilla de ti mismo
capaz de alzar un mundo con tu aroma,
me hueles desde niño a alacena muy honda,
me hueles a las manos de mi abuelo.
Y como tú, invisible, fragante flor moral,
es la poesía:
                       arrinconada
por los tenores huecos,
por la maleza fosca de las grandes discursos,
pero capaz de devolver a las palabras
sus olores primeros, su verdad más antigua.


LA CIGÜEÑA

Quién como tú, cigüeña:
en mañanas azules y tardes amarillas,
otear los océanos de trigo
desde el alto pretil del campanario.
Ser menestral, humilde,
y mientras surca el águila heráldicos blasones,
volar eternamente en las viñetas
de los libros de texto para niños.
Ser esa hermana buena, y desgarbada,
que sabe de latines y homilías,
y es simple y es católica…
y sobre todo fiel,
sin pasiones ningunas,
sin mirar a otros nidos ni a otros cuerpos
que abrasan y hacen daño.


EL TIEMPO

       Para L.

El tiempo, otra mentira.

O al menos es mentira su acordado transcurso,
la división en lejos, presente y porvenir
que imponen nuestras torpes maneras de sentirlo.

Cómo es, si no, posible
que el agujero negro de tu cuerpo,
tu belleza menuda e inconsciente,
con sólo entrar aquí, en esta casa
que se hunde
sin los ojos de madre que la alzaron,
haga tornar la rueda de los años  
y decore de azul tantas noches de angustia
de alcohol y de vergüenza entre sus pobres muros,

las llene de piedad, las vista de hermosura…





Tres poemas inéditos de Rafael Adolfo Téllez

Nació en Palma del Río en 1957. En 1984 ve la luz su primer libro de poemas, Si no regresas junto al portón oscuro. Después de publicar algunas plaquettes, editó en 1993 Quienes rondan la niebla. En 1994 aparece la selección antológica Horóscopo en la niebla. De 1996 es el poemario Los adioses y de 1998 la antología La rosa del mundo. En 2004 aparece Muertes y maravillas. Finalmente, la editorial Comares publica en la colección La Veleta, dirigida por Andrés Trapiello, sus poesías completas Los pasos lejanos (2007). También ha publicado numerosos poemas en diferentes revistas como Cuadernos Hispanoamericanos o Palimpsesto. Estos inéditos han sido facilitados expresamente por el autor para Númen.


CASA DEL CURA

El carro del agua solía llegar con sus mulos
y sus cántaros
al postigo de la vieja casa rectoral,
en los atardeceres de invierno.

Solía hacerlo a eso de las cinco,
tras doblar por el recodo
que hay en la calle Molinos.

Luego, eran las horas lentas
y el mismo, el mismísimo partido
de fútbol, bajo las moreras sabias y acogedoras
de la plaza.

Todas las tardes, las hermosas,
las inocentes, las anchurosas tardes.

Hasta que anochecía.
De lejos, se veían venir entonces por el cerro
las sombras
-como en procesión de ánimas-.

Mi abuela, a esa hora, en la cocina,
cerca de un candil donde titilaba el siglo entero
y de un gato adormilado
tenía la santa costumbre
de avivar con un soplillo de esparto
las ascuas de un brasero.

Se encendían entonces
una a una las estrellas sobre el pueblo.


CON GRUESOS TRONCOS SE ENCERRÓ EL VIEJO UBER...

Con gruesos troncos se encerró
el viejo Uber
en la casa del llano. Fue al final de sus días.
Ensimismado, solo, cruzó el umbral
como quien no aguarda otro invierno
aquí en la tierra.

Y a la luz de una vela,
trazó algunos signos, en un cuaderno
con manchas
de barro y humedad.

Le acompañan apenas
un jergón en el suelo, dos o tres
retratos, una vieja arca
y la lluvia que amó en la infancia
y canta alegre sin pedir nada
sobre techos y pedruscos.

Supo Uber, entonces,
que no fue dueño de otra cosa
que de esas piedras y esa lluvia


LO MIRO DEAMBULAR POR CALLEJAS OSCURAS...

“... magnolia que mojó la luna” (Homero Manzi)

Lo miro deambular por callejas oscuras
y detenerse ante el mostrador
de una taberna a beber.

¿Por qué no ha de beber
si amó mucho
y ahora busca, entre estas piedras,
la certeza de estar vivo?

Un hombre que en sus alforjas lleva sólo
haber amado tu piel,
magnolia que mojó la luna,
en este arrabal o en otro.

Tal vez en una ciudad distinta a ésta
en la que hay un río y tranvías sonámbulos
que cruzan en la noche
camino a no sé qué parte.
Es lento, mesurado, taciturno.

Y ya no sueña.
Ha escrito en su cuaderno
apenas unas cuantas sílabas,
las del adiós.





La canción de Noé, de G.K. Chesterton
(traducción de Jesús Beades)


OLD Noah he had an ostrich farm and fowls on the largest scale,
He ate his egg with a ladle in an egg-cup big as a pail,
And the soup he took was Elephant Soup and the fish he took was Whale,
But they all were small to the cellar he took when he set out to sail,
And Noah he often said to his wife when he sat down to dine,
“I don't care where the water goes if it doesn't get into the wine.”
The cataract of the cliff of heaven fell blinding off the brink
As if it would wash the stars away as suds go down a sink,
The seven heavens came roaring down for the throats of hell to drink,
And Noah he cocked his eye and said, “It looks like rain, I think,
The water has drowned the Matterhorn as deep as a Mendip mine,
But I don't care where the water goes if it doesn't get into the wine.”
But Noah he sinned, and we have sinned; on tipsy feet we trod,
Till a great big black teetotaller was sent to us for a rod,
And you can't get wine at a P.S.A., or chapel, or Eisteddfod,
For the Curse of Water has come again because of the wrath of God,
And water is on the Bishop's board and the Higher Thinker's shrine,
But I don't care where the water goes if it doesn't get into the wine.


Noé tomaba huevos de avestruz como cena,
con su enorme cuchara como un cubo rellena,
y sopa de elefante; de segundo: ballena.
Pero el vino era más que toda la alhacena,
y a su esposa decía con un guiño felino:
“Que llueva cuanto quiera, mientras no moje el vino”.
Ya los acantilados del cielo se caían,
borrando las estrellas con su corriente fría.
Por el séptimo cielo, los infiernos abrían
su garganta sedienta. Noé sólo decía
“son cuatro gotas”. Casi no se ve ya el Cervino.
“Que llueva cuanto quiera, mientras no moje el vino”.
Noé pecó, y nosotros pecábamos, bebidos,
hasta que el Gran Abstemio la vida ha detenido.
Y ahora nadie nos vende una botella o dos.
Ha vuelto el agua sola por la ira de Dios
e inunda los palacios su curso repentino.
“Que llueva cuanto quiera, mientras no moje el vino”.






Monográfico

DE LO ESPIRITUAL 
EN EL ARTE

Queremos inaugurar esta revista cuatrimestral con un monográfico sobre lo espiritual en el arte, entendiendo por espiritual aquella faceta de lo humano que no es meramente corporal o sensitiva y que puede conectar con Dios. Ahora que lo espiritual se asocia más bien a un supermercado de la Nueva Era en un universo cerrado e inmanente con olor a sándalo y sonido de platillos indios, mostramos aquí a quienes desde la pintura, la poesía, la filosofía, la música, el cine, etc., conciben más bien un universo que no huele a cerrado sino que se abre a la trascendencia. En vez de la esfera, la cruz. 





Francisco Lorca

Hiram Barrios

Victoria Cirlot

Jesús Cotta

José Jiménez Lozano
Ángel Justo Estebaranz

Antonio Barnés